Los grandes modelos de lenguaje han cambiado la forma en que las personas encuentran bibliografía. Los resultados suelen leerse bien y la mayoría de las referencias son reales. Sin embargo, algunas presentan un autor plausible, un título convincente y una revista que existe, pero remiten a un artículo que nunca fue escrito. Quienes supervisan tesis las ven en trabajos académicos. Los equipos editoriales y el personal bibliotecario las encuentran en manuscritos enviados y consultas de lectores. Los investigadores las descubren en sus propios borradores, a veces justo antes de una fecha límite.
Comprobarlas implica revisar las bibliografías a mano, entrada por entrada, en catálogos y bases de datos que ninguna búsqueda individual abarca por completo. Las conversaciones con colegas, personal bibliotecario y clientes terminaban siempre en el mismo punto:
Nadie quería que una IA adivinara si una cita era falsa. Querían saber si podía encontrarse, y dónde.